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tercer ciclo de primaria

un artículo con algunos años

LA EDUCACIÓN COMO NECESIDAD PÚBLICA

Resulta cada día más evidente que la sociedad que se viene configurando desde hace décadas es la sociedad de la producción. Cada día hay más cosas, más objetos, más 'útiles', pero menos necesarios. Del mismo modo, se produce hoy una cantidad ingente de información, que llega a sus destinatarios a través de las más diversas y sofisticadas vías.

Pero nada asegura que la información implique siempre conocimiento, ni tan siquiera que el conocimiento conlleve aprendizaje, ni que todo aprendizaje suponga educación. Lo adecuado sería, al parecer, que la sociedad del conocimiento fomentase la comunicación y las relaciones interpersonales.

Si el objetivo central de la vida actual es la productividad, desde esta óptica economicista la primera premisa de acción social es la competitividad. Ello determina que esta sociedad consumista y competitiva se caracterice por el acentuado infradesarrollo de unas pautas de coexistencia que pudieran resultar idóneas.

En esta línea se podría aceptar como ampliamente asumido por la mayoría de las personas implicadas en dicho ámbito, que la educación no se puede limitar a la simple transmisión de conocimientos, sino que, por el contrario, debe ayudar a construir marcos aceptables desde donde sea más gratificante la vida en sociedad, pues, no en vano, el ser humano es animal social.

Desde esta óptica, podríamos convenir que la meta de la educación habría de ser el afianzamiento de las condiciones favorables al desarrollo personal y proclives, a su vez, a la reconstrucción de un más adecuado marco de convivencia.

De hecho, la escuela y los centros educativos en general, tal como se viene asumiendo teóricamente desde hace algún tiempo, puede ofrecer posibilidades para la mejora de las condiciones sociales, para lo que parece necesario que en ellos se produzcan importantes cambios capaces de propiciar el óptimo desarrollo del contexto social. Y tal mejora debe enfocarse hacia la progresiva consolidación democrática como marco idóneo para el afianzamiento de las relaciones interpersonales.

A este respecto resulta oportuno recordar las palabras de Gª Márquez: . Es más, de acuerdo con Habermas se podría afirmar que sólo podemos progresar hacia formas de democracia real si todos y cada uno de nosotros somos capaces de entendernos más allá de nuestras ideas e intereses.

Con casi total seguridad, las líneas precedentes son asumidas, sin mayores matizaciones, por el amplio espectro ideológico y político de la sociedad actual y, resulta evidente, al menos en teoría, que la educación, como tal servicio social,
-permítase la utopía- debe estar por encima de intereses partidistas.

Pero parece meridianamente confirmado que 'del dicho al hecho va un trecho' y que en el terreno de las concreciones, la educación sigue siendo una de las más olvidadas de las necesidades sociales.

Y si no que se lo pregunten a la administración de turno que, sin mayores aspavientos, está permitiendo que las cotas de calidad educativa se mantengan en unos niveles que, a juicio de la mayoría de las bases del sistema educativo, están bajo mínimos.

Los detonantes de esta situación cabe cifrarlos no ya en la dejadez que sufre la infraestructura de muchos centros -cometido directo de los consistorios locales, en la mayoría de los casos, es justo decirlo-, sino sobre todo, en otras medidas más graves por sus repercusiones a medio/largo plazo y por generalizadas, so pretexto de las dificultades económicas coyunturales. Entre tales medidas cabe señalar como ilustrativas de lo que se afirma, entre otras, el incremento de la ratio en los distintos niveles, la disminución del número de profesoras y profesores en los centros, el aumento de sesiones de clase en el mismo margen horario (en algunos centros se ha pasado de veinticinco a veintiocho sesiones, lo que implica que las clases duren menos tiempo, por lo que los primeros perjudicados son, obviamente, los alumnos), etc.

Y en esta dinámica, el profesorado, , como se señala desde la pedagogía crítica.

De donde se podría colegir que la educación, principal instrumento de desarrollo social, se puede quedar en un tinte pasajero y superficial cuyo color dependerá del de las siglas que obtengan los favores -¿económicamente interesados?- de las mayores minorías.

Aunque no habría mayor problema pues, de hecho, la aplicación de rutinas y mecanismos acomodaticios, vienen haciendo posible que la educación, y también la enseñanza, aunque no cambie, siga funcionando, a pesar de todo y, en ocasiones, aún a pesar de las personas en ella implicadas. Pero eso sí, sirviendo a los intereses mayoritarios (¡).

Del mismo modo, no obstante, seguirán produciéndose protestas públicas de los colectivos docentes, que bajo reivindicaciones laborales, manifiestan el malestar latente por las escasas exigencias que a nivel educativo manifiesta la sociedad y por el consiguientemente alcanzado bajo nivel de autoexigencia profesional. Y aquí no ha pasado nada... Habría que convencerse de que las reformas -y las contrarreformas- en este terreno no se hacen desde arriba, sino que son los centros y el profesorado quienes

Manuel González González.
Maestro

tema: escritos propios y ajenos. enlace permanente: http://blogia.com/manuelgonzalez/index.php?idarticulo=200503092

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