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tercer ciclo de primaria

para la familia

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Los adultos somos perezosos para el juego. No nos parece que sea una cosa que vaya con nosotros. Casi se nos antoja ridículo pasar un rato jugando. ¡Con la de cosas importantes y urgentes que tenemos que hacer!.
Pues jugar, además de ser una estupenda actividad a cualquier edad es, también, una de las mejores maneras para facilitar la relación entre padres e hijos. El juego, que nos permite descansar y disfrutar sin mayores pretensiones, nos ayuda a establecer la verdadera comunicación de persona a persona, de padre/madre a hijo/a. Aquí es donde las distancias se acortan en una transmisión sincera de ternura y afecto.
Jugar con nuestros hijos es siempre un tiempo bien aprovechado. Compartir juegos nos proporcionará satisfacciones inigualables, y ni ellos ni nosotros olvidaremos jamás esos buenos ratos.
Cuando jugamos, cuando disfrutamos todos -ellos y nosotros- de una manera libre y espontánea, compartimos complicidades, reímos, nos conocemos, nos aceptamos, se afianzan entre nosotros lazos de unión y comprensión, fuertes, cálidos y entrañables y creamos vínculos afectivos y de comunicación indestructibles.
Cuando jugamos mayores y pequeños, las jerarquías desaparecen porque todos somos iguales ante las reglas de un juego. Los niños sienten que nos acercamos más a ellos y que valoramos sus ilusiones y esfuerzos, que disfrutamos de ellos y con ellos. Se sienten, por tanto, queridos.
Jugar en familia no es sólo dedicar un rato a jugar con los niños porque se sabe que es bueno y necesario para ellos. Jugar en familia es reír en familia, es dejar de ser un poco padres y ser un poco más niños, es acalorarse, es disfrutarse. En la medida en que los adultos somos capaces de divertirnos jugando, los niños son capaces de aprender a atender, a escuchar, a compartir, a esperar... a confiar en los demás y a confiar en sí mismos, se sienten valorados.
Pero no vale “hacer ver” que se juega. Ellos nos piden sinceridad, jugar de verdad, olvidarnos por un ratito de nuestras responsabilidades y dejar salir al niño que, por suerte, todavía llevamos dentro y que nos proporciona la salud mental necesaria para ser también personas sanas y felices.
Los juegos compartidos fomentan las relaciones sociales y la comunicación, al tiempo que estimulan la satisfacción emocional y la seguridad.
Los juegos contribuyen positivamente al desarrollo de nuestros hijos, ya que además de permitir familiarizarse con posteriores “herramientas” de trabajo, pueden mejorar la atención, la discriminación visual y auditiva, potenciar el razonamientos, la reflexión y las deducciones lógicas, mejorar la rapidez de respuesta, desarrollar la capacidad para anticiparse a consecuencias de las propias acciones, aumentar la coordinación, potenciar
la creatividad y la imaginación etc.
En cuanto a los efectos negativos, es un contenido inapropiado o un uso desmesurado lo que puede generar algunos efectos no deseables. Los que tienen una temática violenta, o un uso excesivo de esta, o los demasiado agresivos, por ejemplo, aumentan los niveles de agresividad y ansiedad, por tanto, mejor evitarlos.
Consejos para elegir un buen juguete:
1.-Partir de las necesidades y gustos de quien lo recibe y no de quien lo elige.
2.-Tener en cuenta la edad y el nivel madurativo.
3.-Regalar juguetes suficientes y variados que desarrollen funciones diferentes y sin hacer distinciones en cuanto al sexo.
4.-Valorar positivamente el hecho de que el juguete estimule la imaginación, la creatividad y el entretenimiento sano.
5.-Elegir juguetes adecuados a las características de cada persona, que fomenten aquellos aspectos -comunicación, destreza manual, atención, desarrollo emocional o educativo- más conveniente en cada caso.

fecha: 02/04/2005. tema: Tercer ciclo EP. enlace permanente: http://blogia.com/manuelgonzalez/index.php?idarticulo=200504021

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