Hoy, dos actividades: primero la lectura
Esta es la primera parte de una bonita e interesante lectura (del libro CUENTOS de Fernando Alonso)
Podéis ir pensando acerca de lo que aquí se cuenta y sacando vuestras conclusiones. Podéis comentarlas en el grupo, a ver si os ponéis de acuerdo...)
El guardián de la torre (I)
Había una vez un barrio, que destacaba entre todos los de la ciudad.
Las gentes celebraban la belleza de sus calles, de sus jardines, de los tejados puntiagudos de sus casas.
Y los vecinos estaban muy orgullosos de aquel barrio que habían construido con sus propias manos.
Cubrieron su tejado con las pizarras que habían usado en la escuela; sacaron brillo con los viejos guardapolvos y cuando las pizarras brillaron al sol, se reunieron en la plaza para contemplar su obra. Y todos sonreían, porque el resultado de su trabajo era hermoso.
Pasó el tiempo y la torre era motivo de orgullo para todos. Desde arriba, podían admirar su hermoso barrio.
Y, cuando se encontraban en un punto extremo de la ciudad, podían decir: — ¿Veis aquella torre alta que brilla al sol...? Allí está mi barrio.
Un día, para completar su obra, decidieron levantar una torre alta en el centro del barrio. Todos colaboraron en la construcción. Todos ayudaron a traer maderas, ladrillos y piedras. Y la torre se elevó muy por encima del edificio más alto que había en la ciudad.
Una mañana, se abrió el balcón más alto de la torre y un extraño personaje se asomó a la plaza. La elevación del balcón y el gesto de su barbilla le hacían parecer grande, poderoso.
Todos los vecinos del barrio se sorprendieron al verlo; pero, después de muchas discusiones, aceptaron que aquel hombre ocupara la torre y viviera en ella. De esta forma, pensaban, podría encargarse de su conservación.
Cada mañana, a partir de entonces, el guardián de la torre se asomaba al balcón más elevado y
saludaba a los vecinos con una profunda inclinación de cabeza.Todos correspondían a su saludo con el mismo gesto.
Y el extraño personaje sonreía mirando a las gentes que pasaban frente a la torre.
Más tarde, cambió su saludo por un gesto leve de la mano.Y todos, por la fuerza de la costumbre, siguieron inclinando la cabeza.
La sonrisa del guardián de la torre se hizo entonces más amplia.
Pronto comenzaron a contarse leyendas, que él mismo inventaba y hacía circular, sobre los poderes mágicos del guardián de la torre. Por eso, todos vivían atemorizados y le rendían pleitesía; por eso, pagaban tributos para su mantenimiento; por eso, todos, en el fondo de sus almas, lamentaron haber construido la torre.
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